«TOLDOMANÍA»: Fernando Epelde convierte una obsesión por los toldos en un disco de pop mutante
Yo y mis demonios publica TOLDOMANÍA, nueve canciones de pop alternativo, psicodelia e indietrónica que convierten los toldos urbanos en materia musical.

Los discos suelen buscar grandes asuntos: el amor, la memoria, la pérdida. Fernando Epelde ha encontrado el suyo mirando hacia arriba, a la fachada de un bar. Bajo el nombre de Yo y mis demonios, publica TOLDOMANÍA, un álbum de nueve canciones cuya obsesión declarada son los toldos: los verdes de terraza, los luminosos de los comercios, los viejos y los relucientes. La idea podría quedarse en chiste privado, pero funciona como puerta de entrada a un universo de pop alternativo inquieto, psicodelia y electrónica de nervio retorcido.
El toldo como paisaje, refugio y pequeña manía
En la presentación del disco, el propio proyecto enumera toldos de quiosco, de bares y de todo tipo de tamaños y estados. Son objetos tan cotidianos que casi han desaparecido de nuestra atención. Precisamente ahí está el hallazgo: elegir un elemento menor del paisaje urbano y exagerar su importancia hasta convertirlo en el centro de un imaginario musical.
Un toldo tiene algo de frontera. Separa la luz de la sombra, marca dónde termina el espacio público y comienza la terraza, protege de la intemperie y, al mismo tiempo, anuncia un negocio o una forma de habitar la calle. No hace falta atribuir esas interpretaciones literalmente al autor para comprender el potencial del concepto: el arte pop lleva décadas encontrando historias enormes en objetos aparentemente insignificantes.
El título TOLDOMANÍA sugiere además una relación juguetona con la obsesión. En lugar de presentar una narración lineal, plantea una acumulación de imágenes, gestos y estados mentales. Es un modo de reivindicar la rareza sin tener que convertirla en una solemnidad.
Nueve canciones entre la psicodelia y la indietrónica

El álbum, lanzado el 16 de octubre de 2026, reúne nueve cortes y había adelantado dos de ellos: «Esa voz» y «Misterio». Según el material publicado por el sello raso., el sonido cruza la psicodelia colorista con un pop electrónico de ángulos bruscos y melodías que intentan mantenerse reconocibles entre giros de ritmo y textura.
La descripción puede parecer contradictoria, pero ahí reside buena parte del atractivo del proyecto. La canción pop quiere ser recordada; la indietrónica puede disfrutar descolocando al oyente. El desafío está en sostener ambas cosas a la vez, evitar que la experimentación se transforme en mero ruido decorativo o que la melodía domestique cualquier sorpresa.
Yo y mis demonios propone que una idea musical no tenga que elegir entre ser pegadiza y resultar extraña. Eso también diferencia el disco de ciertos ejercicios nostálgicos sobre los 2000: el interés no está en recuperar una época de guitarras nerviosas y sintetizadores, sino en utilizar esos recursos para construir una personalidad presente.
Fernando Epelde se encarga de todo el proceso
Los créditos publicados en Bandcamp atribuyen a Fernando Epelde la letra, la música, la producción, la grabación, la mezcla y la masterización. La portada corresponde a Aïda Gómez. Es una concentración de responsabilidades creativas que ayuda a entender por qué el disco se presenta como un universo tan personal: el mismo autor controla las decisiones desde la composición hasta el resultado final.
Esa autonomía no garantiza por sí sola una obra interesante, pero sí permite que las ideas más insólitas sobrevivan a la tentación de normalizarlas durante el proceso de producción. Aquí, la obsesión por un elemento urbano no aparece como una anécdota promocional añadida al final, sino como parte del carácter del proyecto.
Dónde escuchar «TOLDOMANÍA»
El álbum está disponible en Bandcamp a través del sello raso., donde pueden consultarse sus nueve cortes y los créditos completos. También se puede acceder directamente a la canción que da título al disco.
En un panorama donde abundan los proyectos construidos alrededor de conceptos intercambiables, TOLDOMANÍA parte de una pregunta mucho menos frecuente: ¿qué pasa cuando se toma absolutamente en serio una idea que, de entrada, parece absurda? A veces, el primer paso para mirar la ciudad de otra manera es fijarse en lo que cuelga sobre nuestras cabezas.